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martes, 6 de diciembre de 2011

El contrato de comunicación en una perspectiva lingüística: Normas psicosociales y normas discursivas

    La inferencia, como se sabe, consiste en construir un sentido posible poniendo en relación elementos de lo “dicho” (significado de lengua) con otra cosa que se encuentra en otro lugar. Este otro lugar puede ser de diversa naturaleza. Lingüísticamente, constituye lo que se denomina contexto en el cual aparecen los enunciados y el sentido que depende de ellos; por ejemplo el enunciado “Tengo cinco minutos” puede ser interpretado como: “Sí con gusto” (o “no tengo tiempo”) si en el contexto precedente existe una pregunta-proposición del género: “¿Vamos a tomar un trago?”. Este tipo de relación produce inferencias contextuales (Charaudeau, 1994a). Cognitivas, en el sentido referido al saber que posee el sujeto, el cual, más o menos, es compartido, inscrito en otros textos ya producidos y constituyente de este “entorno cognitivo mutuo”, del cual hablan Sperber y Wilson; por ejemplo, para interpretar una parte del eslogan publicitario: “Maggi hace la sopa de vuestras abuelas”, como una “sopa de muy buena calidad”, es necesario compartir un cierto saber sobre la vida de nuestras abuelas y la tradición culinaria que ellas simbolizan. Esta relación produce inferencias intertextuales(Charaudeau, 1994a). Situacionales, las cuales se refieren a las condiciones de empleo (del contrato de comunicación) que son las que proporcionan la finalidad del intercambio; por ejemplo, una pregunta como “¿Usted tiene desca?”, formulada por un cliente en la barra de un café, deberá ser interpretada como “Sírvame un café descafeinado”, en razón de los datos ofrecidos por el contrato. Esta relación con los datos del contrato produce lo que se denominará inferencias situacionales (Charaudeau, 1994a), las cuales son raramente tomadas en cuenta.
    En consecuencia, es importante reconocer que el contrato permite evitar errores de interpretación. Imaginemos que, en el ejemplo precedente, “Maggi hace la sopa de vuestras abuelas”, “Maggi” sea reemplazado por “Mamá” y “vuestras” por “tú”, y que el enunciado se inscriba en una situación conversacional. Ciertas inferencias (las intertextuales) serán posiblemente las mismas; pero aquéllas que permiten comprender que se trata de una “incitación a obtener el mismo saber-hacer de las abuelas, sin tener que pasar largas horas en la cocina” (Maggi es una sopa instantánea), se deben al contrato de comunicación publicitaria. De la misma manera, el enunciado “Europa, somos nosotros”, no podría ser interpretado como “incitación a votar por el sí, en el referéndum sobre el tratado de Maastricht”, sino se pudiera reconocer el contrato de comunicación política, en el cual se enmarca. Las inferencias situacionales operadas sobre los datos del contrato de comunicación constituyen lo que asegura la interpretación correcta de la finalidad global del acto de comunicación.
Relaciones contractuales
    Los contratos de comunicación pueden tener afinidades entre ellos (el contrato publicitario y el contrato político tienen por finalidad la incitación a hacer), incluirse unos dentro de otros (el contrato del debate puede incluirse en el contrato mediático) o también entrecruzarse (el contrato del debate político en televisión participa a la vez del contrato mediático y del contrato político). Surgen, entonces, algunas preguntas importantes: ¿cómo clasificar los contratos?, ¿pueden jerarquizarse?, ¿según cuáles criterios?
    Algunos autores como R. Ghiglione (1984, 1986), proponen distinguir la “situación potencialmente comunicativa” que “relaciona las dos entidades sujetos” por una apuesta (Ghiglione 1984:186), y el “contrato de comunicación” que transforma la situación potencialmente comunicativa por la puesta en práctica de un cierto número de reglas (Ghiglione, 1984:187, retomado por Bromberg, 1999). Otros autores como C. Chabrol (1989, 1993), proponen distinguir el “dominio de la práctica social” (lo político, lo religioso, lo jurídico, etc.) correspondiente a vastos campos de la práctica, y la “situación contractual” generadora de acuerdos: así el dominio de la práctica social de “lo educativo” se encuentra estructurado por una posible “situación de trabajo de los educadores sociales” (Chabrol, 1994).
    En lo que me concierne, propongo distinguir tres niveles. Un nivel del contrato global de comunicación en el cual se inscribirán las condiciones generales del intercambio: finalidad, identidad de los protagonistas y propósito. Este nivel que determina en términos generales y abstractos las condiciones de la comunicación política, publicitaria, científica, jurídica correspondería en parte a la situación potencialmente comunicativa de Ghiglione y al dominio de la práctica social (pero ya comunicacionalmente estructurado) de Chabrol. Un nivel de contrato particular de comunicación que viene a especificar las condiciones generales del intercambio. Es en este nivel donde se ubica el contrato de comunicación del discurso electoral como sub-conjunto del contrato global de lo político. En fin, pueden aparecer en un tercer nivel, variantes de estos contratos particulares si se tienen en cuenta las especificidades que aportan lo que nosotros hemos denominado las circunstancias materiales. Así, la variante de la situación del “mitin político”, estaría incluida en la situación particular del contrato electoral, igual que los “planfletos”, las declaraciones en televisión, los libros y los manifiestos de adhesión. Lo que caracteriza a la variante de un contrato, es que respeta lo esencial de las características del contrato particular, proponiendo otra característica recurrente que viene, no a modificar, sino a especificar uno de sus componentes. Por ejemplo, en el contrato de información mediática (sub-contrato de lo mediático) se constituyen sub-contratos específicos sea por las circunstancias materiales (escrituralidad de la prensa, oralidad de la radio, lo audiovisual de la televisión), sea por las finalidades discursivas (reportar/comentar el evento), sea por la organización formal (título, rúbrica, etc.). Por ejemplo más aún, en el contrato del debate en televisión (sub-contrato de información mediática), se encuentran estas variantes: talk show, el debate cultural, el debate político (tipo cara a cara electoral). Se considerará asimismo que el interview y la entrevista radiofónica son dos variantes del contrato “diálogo radiofónico” (4), siendo diferente la posición de los dos interlocutores en cada uno de estos casos: no jerarquizado en la entrevista y jerarquizado en el interview. Con estos tres niveles, se podrán igualmente explicar los entrecruzamientos de contratos: los contratos del ámbito político que se entrecruzan con los de lo mediático, en los debates, en los interview o en las alocuciones televisadas. En esto estriba la dificultad de saber cuál es el contrato que ordena y engloba a los otros: ¿es el debate político el que subsume todas las formas de debate (incluyendo lo mediático)? ¿es el debate mediático el que se materializa como político? o más bien, ¿se trata de la idea que se hace del debate en general una sociedad determinada, lo que se encuentra por encima de todos?
Del contrato a las estrategias y efectos de sentido
    El contrato es una condición necesaria pero no suficiente para explicar el acto de comunicación. Condición necesaria para el sentido, no matemática, sino lingüísticamente, a saber: se trata de una condición mínima para poder comunicar. El contrato fija el minimum necesario como derecho de entrada para poder producir/comprender un intercambio lingüístico. De la misma manera, que el letrero colocado encima de la taquilla del cine, al indicar el costo de la entrada, nos indica que se trata de la cantidad de dinero mínima para tener el derecho a entrar. Esta condición es necesaria porque si se poseen menos de 45 francos, no se puede entrar, pero también es mínima a doble título: de una parte, porque tener más de 45 francos no impide ir a ver el film, de otra parte porque requerimos de otras condiciones desde el punto de vista de quien quiere entrar (tener ganas de ir al cine a ver el film en cuestión y tener tiempo). De la misma manera sucede en todo acto de comunicación que exige condiciones mínimas, representadas en el conjunto de normas de producción-reconocimiento del contrato y que no excluye otras condiciones también necesarias en el intercambio.
    Así, por el lado del sujeto que comunica, se puede formular la hipótesis de que éste tiene sus propios objetivos cuando se lanza en un acto de comunicación. Él inviste a la vez objetivos racionales y deseos subjetivos que constituyen su compromiso personal de comunicación. Pero él también sabe que está obligado a pasar por las normas de la situación de intercambio en la cual se encuentra, situación en la que el otro se ha inscrito, y que supone reconocer bajo pena de no poder entrar en el intercambio. Relación de reconocimiento recíproco en cuanto a la situación de intercambio, relación contractual, y por lo tanto portadora de un acuerdo propio que el sujeto comunicante debe tomar en cuenta. Pero él sabe también que el acuerdo del contrato no es totalmente de su proyecto de habla, y que va a tener que utilizar estrategias para producir en el otro, efectos que sean capaces de conducirlo a su compromiso personal. Evidentemente, se trata aquí de los efectos que se supone tendrán un cierto impacto en el otro. Se observa, entonces, que el compromiso personal se superpone al acuerdo contenido en el contrato y al mismo tiempo que la noción de estrategia no puede extenderse al dominio de la comunicación humana, más que refiriéndose por una parte, a la existencia de un marco contractual que asegure la estabilidad y la previsibilidad de los comportamientos y por otra parte, a la existencia de un sujeto que interviene en el acto con sus propias finalidades comunicativas.
    Del lado del sujeto receptor, se puede formular la hipótesis de que éste interpreta en función de sus propios objetivos, pero está también constreñido por la situación de intercambio, el contrato. Puede ser que se aprehenda el acuerdo en la medida en que se le conoce, pero no se puede estar seguro de aprehender el compromiso personal del sujeto comunicante. Además, pueden existir varios receptores, designados o no, voluntarios o no, los cuales percibiendo el mismo acuerdo contractual, reconstruyan sin embargo, acuerdos intencionales diferentes. Si interpretar significa para el sujeto receptor, apropiarse de algunos de los sentidos contenidos en los enunciados que le son dirigidos, entonces se puede decir -acercando esta noción a la de inferencia- que estas motivaciones son inferencias interpretativas que construye el sujeto receptor. Se puede entonces imaginar tres tipos de activaciones inferenciales: una activación que consiste en producir las inferencias necesarias para reconocer el acuerdo del contrato de comunicación (que hará por ejemplo que no se confunda un film de ficción con un reportaje -a menos que la estrategia sea la confusión-); una activación que consiste en producir ciertas inferencias que han estado previstas por los efectos deseados por el sujeto comunicante y que se corresponden al menos, a una parte del acuerdo personal de éste; una activación que consiste en producir inferencias no necesariamente previstas por el sujeto comunicante, pero que están latentes en su mensaje y que son reconstruidas por el receptor, en función de su propia intencionalidad.
    Es en este punto donde se puede afirmar que emisor y receptor, sujeto comunicante y sujeto interpretante, son a la vez predeterminados y libres. Predeterminados en parte por el acuerdo del contrato, libres en la construcción de los acuerdos personales y de los efectos que estos implican. Así, en el punto de reencuentro de este doble proceso de producción/recepción del intercambio lingüístico, el texto resultante se llena a la vez del sentido que corresponde al acuerdo del contrato, del sentido que corresponde al acuerdo personal del sujeto comunicante, y del sentido que corresponde a cada uno de estos acuerdos, siendo variables según el caso y los que se encuentran allí implicados. Por estas circunstancias se puede aprehender mejor lo que pasa en ciertos casos de comunicación. Porque se comprende que es suficiente con variar los sujetos interpretantes, para que el sentido del mensaje aumente. De esta manera se puede dar cuenta de tres casos de situación: (i) en la comunicación interlocutiva los posibles interpretativos dependen de las activaciones a las cuales se remitan sucesivamente los interlocutores, y las inferencias se modifican o enriquecen; (ii) en la comunicación monolocutiva escrita e individualizada (por ejemplo, la carta a un amigo) los posibles interpretativos dependen de las solas activaciones del receptor-lector, que puede en rigor modificarlas de acuerdo con las relecturas; si la comunicación monolocutiva escrita no es individualizada (novela, circular administrativa) las activaciones varían más o menos según los lectores, más o menos según el género, y varían con el tiempo (relectura de una misma obra en diferentes épocas (5)); iii) en la comunicación monolocutiva oral (conferencia) o interlocutiva (debate) en presencia de público, las activaciones varían según los dominios de referencia de los oyentes y espectadores, que construyen el sentido no necesariamente previsto por el orador, lo que crea un juego de activaciones de redes múltiples.
    Estos diferentes casos de activaciones suponen la activación común que corresponde a las inferencias suscitadas por el contrato, cada vez que se realizan, cualquiera sea el receptor. Se podría entonces agregar que la posición del analista es la de alguien que habiendo de antemano identificado los datos del contrato situacional, intentaría meterse en la piel de diversos receptores, produciendo así diversas activaciones, cuyo conjunto constituye lo que yo llamo los “posibles interpretativos” de un texto o también la “espiral de la construcción del sentido”.
Justificación del término
    La palabra “contrato” está cargada de sociologismo: Rousseau y el “contrato social” que vincula los miembros de una sociedad mediante lazos ético-educativos; deeconomicismo: el contrato comercial que vincula los protagonistas de una transacción mercantil mediante acuerdos de compra/venta o trabajo/remuneración; de juridicismo, a menudo ligado al economicismo: el contrato de acuerdos que vincula a los participantes por reglas, leyes y deberes de comportamiento, como un contrato de arrendamiento o un contrato de trabajo.
    La palabra “pacto” parece menos restrictiva, más libre, más abierta. Es también más elegante. Es empleada por los literatos como Lejeune (“pacto autobiográfico”) y los filósofos como Ricoeur (“pacto de verdad”). Lo inconveniente de este término tiene que ver con su semantismo en lengua que presupone un estado de conflicto y supone un acuerdo para establecer un estado de paz (“pactar”). Por el contrario, el contrato de comunicación no presupone necesariamente un estado de conflicto. El se impone solamente como lugar de reconocimiento y de normas.
    La palabra “promesa” propuesta por F. Jost (1997) no corresponde a lo que designan los otros términos. La promesa, dice este autor, relaciona a los dos participantes mediante “horizontes de espera”, como en el caso del contrato, diríamos nosotros. Pero lo que caracteriza la promesa es una asimetría de estos horizontes, mientras que el contrato implica una relación de reciprocidad en el reconocimiento de las condiciones de realización del intercambio. En efecto, la promesa es un acto de habla (performativo) cuyo origen enunciativo es un sujeto que debe transmitir un don a otro sujeto (el participante del acto de comunicación) bajo ciertas condiciones que dependen de este último (él debe hacer algo para obtener el don de la promesa), y no del sujeto que promete. Toda promesa está sometida a una condición: “Yo te prometo, si tú…” (6). En consecuencia, la relación que se establece entre los dos participantes no es de connivencia, de reconocimiento recíproco de lo que los une en la interpretación. El otro una vez cumplidas las condiciones, no tiene más que recibir. Él no está activo como en el contrato, y por lo tanto se pierde al mismo tiempo la noción de intercambio que se encuentra en el fundamento de todo acto de comunicación. El contrato no es el producto de un sujeto sino de una situación de comunicación que sobredetermina a los participantes y que ellos mismos construyeron.
    Esta batalla de las palabras, ¿no estará marcada insidiosamente por la ideología, que rechazaría un término que evoque el mercado, la ley, la autoridad o la coerción? Por el contrario, el contrato de comunicación no impide ni la pluralidad de identidades, ni la diversidad de estrategias, de un lado y los posibles interpretativos del otro. El contrato de comunicación no es más que un marco mínimo, necesario para la inter-comprensión, una base común de reconocimiento, de marco del sentido, de estabilización de una parte de la producción/reconocimiento del sentido, a partir del cual se puede jugar con una multiplicidad de variaciones y de creaciones de sentido

 Bibliografia:
1. BAKHTINE, M. 1978. Esthétique et théorie du roman, trad.fr., Paris, Gallimard (1ère éd.1975).
2. Benveniste, E. 1966. Problèmes de linguistique générale, Paris, Gallimard.
3. BROMBERG, M. 1999. Contrat de communication : persuasion et langage. Thèse de doctorat, Universidad de Paris, 8

El contrato de comunicación en una perspectiva lingüística: Normas psicosociales y normas discursivas

DE LA SITUACIÓN DE COMUNICACIÓN AL CONTRATO DE COMUNICACIÓN
    Todo acto de lenguaje, cualquiera sea su dimensión, nace, vive y toma sentido en una situación de comunicación. No existe acto de lenguaje fuera del contexto, como se afirma a veces, al menos en lo que concierne a su significación. Recíprocamente, no se puede dar cuenta de un acto de lenguaje si no se da cuenta paralelamente de la situación en la cual se inscribe.
    La situación de comunicación no debe ser confundida ni con lo que en otras disciplinas se denomina “dominio de la práctica social”, ni con lo que, en lingüística, se llama “contexto”. La situación de comunicación es la situación en la cual se encuentran los actores (dos al menos) que comunican, es decir que intercambian propósitos con el interés de lograr una cierta inter-comprensión, y cuyo sentido depende, por una parte, de las condiciones en las cuales se realiza el intercambio. Esta noción de situación es por lo tanto, más restrictiva que la del dominio de la práctica social (aunque ella forma parte de un dominio) y más amplia que la de contexto que se refiere generalmente, al contexto lingüístico (lo que antecede y lo que sigue a lo que ha sido dicho).
    Una situación de comunicación se define por las respuestas a las cuatro preguntas que constituyen sus componentes, a saber: “Se comunica ¿"para decir qué"?”, cuya respuesta define la finalidad de todo acto de comunicación; “"Quién" comunica con "quién"”, cuya respuesta determina la identidad de los participantes en el intercambio; “Se está allí para comunicar ¿"a propósito de qué"?”, cuya respuesta define el propósito, el tema, que constituye el objeto del intercambio entre los dos interlocutores: en fin, “¿En qué "circunstancias" se comunica?”, cuya respuesta permite tomar en cuenta las condiciones materiales y físicas en las cuales se desarrolla la comunicación.
    La finalidad es describir en términos de visiones: un “hacer saber” (o información), un “hacer pensar” (persuasión), un “hacer hacer” (o incitación), un “hacer saber-hacer” (o instrucción), etc., algunas de estas visiones pueden co-existir en una misma situación de comunicación. La identidad de los protagonistas del intercambio, dependerá de una “clase categorial” (año, sexo, medio social), de un “estatus” (administrativo, profesional), de una cierta “relación de poder” e incluso de ciertos “rasgos psicológicos”, pero todo esto considerando esta identidad psicosocial en una relación de pertinencia con respecto al acto de lenguaje (el estatus social de un profesor no es pertinente cuando se trata de preguntar la hora en la calle); se trata de la identidad en tanto que sujeto de comunicación. El propósito corresponde al “macro-tema” que se refiere a cada situación, representa el dominio del saber acerca del cual se trata en el intercambio (la promoción de las cualidades de un producto, en el caso de la publicidad). Lascircunstancias, en fin, constituyen el marco material más o menos manifiesto de las circunstancias físicas del intercambio; unas veces, se organizan como si se tratara de un verdadero “dispositivo escénico”, como en la televisión (debates, emisiones de variedades y de juegos) o como en la publicidad; otras veces, en otros intercambios su intervención es mínima, como en las conversaciones íntimas que pueden desarrollarse tanto en la terraza de un café, como en un lugar cerrado.
    La situación de comunicación, así definida, constituye un marco de normas psicosociales, las cuales deberán ser tomadas en cuenta por los participantes del intercambio de comunicación, porque de no ser así no habría comprensión mutua posible. Los interlocutores están llamados a reconocer estas constantes que no son ni reglas, ni normas, sino más bien un conjunto de normas necesarias, más no suficientes.
    Pero esto no es todo, porque la situación de comunicación no se compone únicamente de estas normas psicosociales. Ella ofrece igualmente “instrucciones” en cuanto a la manera de escenificar el discurso: instrucciones correspondientes a la finalidad de comunicación (por ejemplo, preguntar cuando se entrevista a un interlocutor); instrucciones correspondientes a la identidad (por ejemplo, el rol enunciativo que debe ser tenido en cuenta cuando se tiene una posición social de autoridad); instrucciones que se corresponden con el propósito (por ejemplo, tematizar y problematizar una pregunta cuando se dicta una clase); instrucciones, en fin, que corresponden a las circunstancias (estar obligado a explicitar, en una publicidad de radio lo que aparece en la imagen de un spot televisado). Así todo acto de lenguaje se construye en un doble espacio: espacio externo donde se encuentran las normas psicosociales, espacio interno donde se sitúan las normas discursivas; y es en la articulación de estos dos espacios donde se construye el sentido. Esto constituye nuestra hipótesis de trabajo desde hace mucho tiempo.
    Esta co-construcción no se realiza de forma aleatoria. Se hace en situaciones que, a fuerza de repetirse, terminan por estabilizarse en “tipos” que constituyen un marco de normas y de puntos de referencia para los participantes del intercambio de comunicación. Estos se encuentran, entonces, en una relación de reciprocidad que los obliga a reconocer la finalidad que los vincula, la identidad que los caracteriza, el propósito que ellos intercambian, las circunstancias que los constriñen físicamente, y los roles discursivos que les son atribuidos. Esto permite afirmar que la relación en la cual están comprometidos los interlocutores de un acto lingüístico es de orden contractual y es por lo que yo he propuesto la noción de “contrato de comunicación” como eje central del fenómeno de la comunicación social y el cual se fundamenta en un sistema de reconocimiento recíproco.
    El contrato de comunicación es lo que estructura una situación de intercambio verbal que cumple con las condiciones de realización de los actos de lenguaje que allí se producen, para que estos sean reconocidos como “válidos”, es decir que correspondan a una intencionalidad del sujeto comunicante y que puedan ser interpretados por el sujeto receptor-interpretante. Nos encontramos aquí con la problemática del reconocimiento: la necesidad para los interlocutores de poseer en común un cierto saber, no solamente en relación con las ideas, sino igualmente en referencia con las normas de relación que acabamos de describir, las cuales les permitirían: reconocer el proyecto de influencia en el cual están comprometidos. El reconocimiento del contrato es lo que permite vincular texto y contexto, decir y situación de decir, de suerte que esta obligación de reconocimiento no incluye solamente el “saber” y el “saber decir”, sino también el “querer decir” y el “poder decir”.
    El contrato es de lo que se habla antes de que cualquiera haya hablado, lo que es comprendido incluso antes de que se haya leído. Quiero decir con esto que el sistema de reconocimiento recíproco entre productor y receptor del acto de lenguaje que engendra el contrato, hace que el texto producido signifique, en primer lugar, por sus condiciones de comunicación: cuando se ve un afiche publicitario en la calle, se percibe inmediatamente el sentido de todo lo que concierne al discurso publicitario, sin haber incluso leído las particularidades del afiche en cuestión; cuando uno escucha la declaración de un político en la televisión, inmediatamente entiende que se refiere al discurso político de un candidato de las elecciones, incluso antes de haber escuchado lo que el candidato declara en particular (3); cuando un profesor dicta una clase en un salón, los estudiantes tienen ya en mente de qué se trata este contrato de enseñanza; cuando alguien recibe una carta, en función de los datos que se encuentran en el sobre (o en el encabezamiento) se hará una idea del contrato de comunicación de la carta administrativa, fiscal, profesional o íntima. Una parte del sentido es construido antes de entrar en la especificidad de un texto y esto es resultado del contrato de comunicación, que además predetermina, en parte, los actores del intercambio.

http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S1012-15872006000100004&script=sci_arttext

Actos de Habla

Austin
Searle
Distinciones de Echeverría
Características
LOCUCIONARIOS

Donde el hablante expresa un estado de cosas. 
Decir algo: “Hace frío en la sala”
Asertivos o representativos:su propósito es representar un estado de cosas como real.
le decimos a otros cómo son las cosas
AFIRMACIONES
Descripciones acerca del mundo que observamos
Verdaderas,
o Falsas
PERLOCUCIONARIOS

Causar algo / mediante lo que se hace / diciendo algo.
El hablante busca causar un efecto sobre sus oyentes
“Hace frío por culpa tuya”
“Este tipo es tonto”
Declarativos: su propósito es crear una situación nueva.
acometemos cambios mediante nuestras expresiones
DECLARACIONES
Actos lingüísticos que generan una nueva realidad.
-Compromisos
-Son válidos o inválidos
-Requieren de autoridad que genera o es generada en el poder.
del NO (de negación)
del SI (de aceptación)
de IGNORANCIA
de GRATITUD
de PERDÓN
de AMOR
Expresivos: sirven para manifestar sentimientos y actitudes del hablante
expresamos nuestros sentimientos y actitudes
INQUIETUDES
Preocupación,
Concernir.
Hacerse cargo.

Justifica que vivimos en mundos interpretativos” (89)
ILOCUCIONARIOS

“Hacer diciendo algo”
La gente realiza una acción diciendo algo.  El rol ilocucionario fija el modo en que se emplea una oración: afirmación, promesa, mandato, confesión, Te prometo, Te ordeno, te confieso.
Compromisivos o comisivas: su objeto es comprometer al hablante con un curso de acción futuro.
nos comprometemos a hacer cosas
PROMESAS
Actos declarativos que permiten coordinar acciones con otros.
Elementos fundamentales:
Orador
Oyente
Acción a llevar a cabo
Tiempo.
Directivos: su objeto es comprometer al oyente con un curso de acción futura.
procuramos que hagan cosas

OFERTAS y
PETICIONES.


Briones, Guillermo, FILOSOFÍA Y TEORÍA DE LAS CIENCIAS SOCIALESDilemas y propuestas para su construcción. Dolmen, Santiago de Chile, 1999
Alegre, Javier R., “La filosofía en Wittgenstein. O la necesidad de la escalera” http://hum.unne.edu.ar/filosofia/Witt.htm. Leído 2/2003
Alegre, Javier R., “Giro Lingüístico y giros actuales de la filosofía. Influencias Wittgensteinianas”.  Documento en pdf

Introducción al estudio y compresión del esquema:

Este es, quizás, el modelo más común para representar el proceso de la comunicación, ya que reúne los cuatro elementos que hacen posible que este proceso se cumpla y que produzca unos efectos. Por esta razón se ha hecho de este esquema una formula descriptiva convencional del proceso de la comunicación, aunque hay que tener en cuenta que en él no se expresa la respuesta o feed-back.

Lasswell recomendó el análisis de cada uno de los elementos que hacen posible que se cumpla el proceso de la comunicación y realizó, con referencia a ellos, algunos estudios. Así por ejemplo:

Sobre el emisor (EL QUIEN) adelantó estudios relacionados con la credibilidad en el emisor, su imagen y prestigio.

Sobre el mensaje (DICE QUE) efectuó análisis de contenido y de estilo, análisis del mensaje y del código, investigación de lecturabilidad y estudios de la retórica.

Sobre el perceptor (a QUIEN) realizó investigaciones de audiencia.

Sobre el medio (en qué CANAL) hizo estudios de circulación y cubrimiento de los medios

Finalmente, sobre los efectos (con qué EFECTOS) realizó las investigaciones motivacionales y de selección perspectiva.

Lasswell afirma que “el acto de la comunicación es perfecto cuando ambas personas (emisor y perceptor) entienden los signos de la misma manera”.

A juicio de Lasswell las funciones de la comunicación deben ser la de: vigilancia, correlación de partes y transmisión de la herencia social 

ESQUEMA BÁSICO DEL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN

Autor: Aristóteles. Filosofo griego nacido en Estagira (Macedonia) 384 – 322.

En su obra “El arte de la retórica” Aristóteles definió por primera vez la comunicación como “la búsqueda de todos los medios de persuasión que tenemos a nuestro alcance”. Para Aristóteles la retórica era “la facultad de discernir los medios posibles de persuasión, en cada caso particular”

Esta persuasión es posible gracias a tres elementos, que Aristóteles define así en su obra

1. La persona que habla. Quién.
2. El discurso que pronuncia. Qué
3. La persona que escucha. Quién


• El orador: Es, para Aristóteles, una persona de inteligencia sobresaliente y muy estudiosa. Con gran capacidad de expresión y con una muy amplia visión de los problemas sobre los cuales habla.
• El discurso: Aristóteles habla en su obra de diferentes tipos de discurso, pero alaba sobremanera el discurso persuasivo porque, según él, merece mayor inteligencia y tiene un fin y un efecto mayor que los demás discursos, o sea el discurso narrativo y el discurso demostrativo (filosófico).

Para Aristóteles el discurso persuasivo, que debe ser convincente y claro y que debe reunir cualidades estilísticas y gramaticales; es el summun por excelencia.

• El oyente: Es una persona en desigualdad de condiciones frente al orador, sobre todo desde punto de vista intelectual y cognoscitivo.

El mejor conocimiento del oyente, por parte del orador, facilita la labor de éste, según concepto de Aristóteles. Además, cuando el oyendo se da cuenta de que el orador lo estima, se muestra menos critico de su mensaje y más dispuesto a aceptar lo que dice. Aristóteles llamó a esta característica (percibida por el orador) “Ethos”, calidad del orador que constituye un llamamiento directo al que escucha.

Nota: el concepto de “Ethos” comprende otras conductas que implican otras cosas, aparte de una actitud favorable.

Análisis crítico del esquema:

Aristóteles se ocupaba del arte de la persuasión, de la misma forma que se ocupaba de la mente y buscó un análisis objetivo del proceso de persuasión. Para él, como par su maestro (Platón), la sicología que ellos definían como “la ciencia del pensamiento” era el método que se debía emplear en la retórica.

Aristóteles analizó las posibilidades de los demás propósitos que pueden tener un orador (demostrativo y narrativo) pero dejó muy claramente asentado que la meta principal de la comunicación es la persuasión, es decir, el intento que hace el orador por llevar a los oyentes a tener su mismo punto de vista, bien fuera por imposición o bien por razonamiento.

Este enfoque de Aristóteles, en el propósito de la comunicación influyó hasta la segunda mitad del siglo XVIII, aún cuando ya el énfasis no se pusiera sobre los métodos de persuasión sino sobre la creación de una buena imagen del orador.

Para Aristóteles la sorpresa era el comienzo del conocimiento y el conocimiento era el resultado de la recepción de la información.

Como se puede apreciar, en el esquema de Aristóteles no se indica el canal, como un elemento aparte. Tampoco se considera la posibilidad de respuesta a feed-back, ni se tienen en cuenta las interferencias y demás factores que influyen en el proceso de la comunicación. 
Por: Sociólogo Antonio Zuluaga Gómez (Docente Universitario, Politécnico Colombiano J.C.)

EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN

Todos los elementos que participan en un acto de comunicación hacen parte de un proceso estructurado, de un sistema integrado, abierto y dinámico. Intervienen en este proceso los siguientes elementos:

1. Las fases de producción y de comprensión de los enunciados.
2. Los dos actores: el emisor y el destinatario.
3. El código: es el sistema de signos, cuyo conocimiento habilita al emisor para producir los enunciados (el mensaje).
4. El canal: es el medio a través del cual se transmiten los enunciados.
5. El mensaje en codificado: son los enunciados que han sido producidos por el emisor utilizando un código, y con una determinada intención o finalidad.
6. El mensaje descodificado: son los enunciados convertidos por el destinatario en formas comprensibles, en un contenido semánticamente significativo, dotado de una reconocida intención comunicativa.
7. El feed-back o señal retorno: incluye las respuestas, reacciones y efectos del destinatario ante el mensaje. Es la manifestación concreta de la actividad descodificadora o interpretativa del destinatario.
Según algunos autores, no es posible sino en ciertos tipos de comunicación. Esto los ha llevado a clasificar las comunicaciones, de acuerdo con el grado de participación del destinatario, en bilaterales o recíprocas y en unilaterales. Para nosotros, toda comunicación, en sentido estricto y pleno, implica reciprocidad.

8. El referente: está constituido por los objetos, seres o fenómenos a los cuales hace alusión el mensaje, por la realidad de la cual se habla en el acto comunicativo.

9. El contexto o entorno: es el conjunto de circunstancias y conocimientos necesarios para comprender el significado y la intención de los enunciados.

Para profundizar en el tema que se está tratando, l@s invito a que aborden la siguiente lectura, donde el profesor Antonio Zuluaga precisa lo que ha sido la comunicación a lo largo de la historia de la humanidad, partiendo de la concepción presentada por Aristóteles.
Nota: Al texto original se le suprimieron los nomencladores, para lograr mayor coherencia intertextual.
www.anexosdepsicologia.com

comunicacion linguistica

Para comprender mejor cómo se realiza la comunicación lingüística, es indispensable identificar primero cuáles son los elementos que intervienen en ella.
En principio, podemos distinguir cuatro elementos fundamentales: emisor, destinatario, enunciado y contexto.

El emisor designa al sujeto que produce intencionalmente un enunciado lingüístico, oral o escrito, en un momento dado. Dicho de otra manera, el emisor es el hablante que con un fin específico hace uso de las palabras en un determinado momento, con el propósito de emitir un mensaje. Es importante destacar que toda comunicación humana tiene una intención o una finalidad.

El destinatario es la persona o las personas a las que el emisor dirige el enunciado y con las que normalmente suele intercambiar su papel en una comunicación de tipo dialogante. El destinatario no es un simple oyente, un sujeto pasivo y mudo, sino aquel elemento que actúa interpretando el enunciado que le ha dirigido el emisor. Mediante la interpretación, el destinatario reconoce la intención del emisor.

El enunciado es la expresión lingüística que produce el emisor.

Finalmente, el contexto o entorno es el conjunto de circunstancias y conocimientos necesarios para comprender el significado y la intención de los enunciados.
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La Semiología

También denominada semiótica, es la disciplina que estudia los signos. Esta disciplina fue propuesta por Saussure, quien la definió como la ciencia que debe estudiar el funcionamiento de los signos en la vida social. Un poco después el norteamericano Piercecomenzó a hablar de semiótica, que definió como la ciencia de los signos y de las propiedades de los sistemas que estos forman.
Un signo es algo que se percibe por los sentidos y evoca una cosa diferente de sí misma, o sea, es cualquier cosa que se percibe sensorialmente y que posee un significado para quien lo percibe. La semiología tradicionalmente distingue tres tipos de signos:
Iconos: es aquel que muestra un parecido con la realidad que evoca, con lo que representa.
Indicios: aquel que tiene una relación causa-efecto con aquello que representa, de modo que el signo sirve para reconocer algo a partir de él.
Símbolos: son signos que no cumplen ninguna de las cualidades anteriores, sino que simplemente presentan una relación convencional o arbitraria con aquello que representan.
Los símbolos mas dados son los signos lingüísticos, los cuales se agrupan formando sistemas que son un conjunto de signos. Así pues el signo es la unión del contenido con la expresión.
Los códigos o sistemas de comunicación son los conjuntos que forman signos y las reglas para combinar esos signos y que se destinan a la transmisión de información entre un emisor y un receptor mediante la producción de mensajes. Haremos una primera clasificación general de los códigos de comunicación:
Humanos: son los que usamos los seres humanos para comunicarnos; dichos códigos pueden ser de dos tipos:
Código lingüístico, es decir, el lenguaje.
Códigos no lingüísticos como las matemáticas, las señales de tráfico,...
No humanos: son los códigos que emplean los animales para comunicarse entre sí.


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lunes, 5 de diciembre de 2011

El acto de comunicación

En resumen se puede decir que:

Todo acto de comunicación supone una relación social entre el emisor y el receptor que influye en la forma del propio mensaje. Veamos cómo se produce el proceso de la comunicación.
  1. Antes de construir un mensaje, el emisor ha decidido que el receptor debe saber o debe hacer algo; ese es el motivo de la comunicación. Antes de hacer un anuncio de publicidad, una empresa decide dar a conocer mejor su producto. En este caso, la empresa es el emisor, el anuncio es el mensaje y el público es el receptor.
  2. Para conseguir sus objetivos, el emisor elabora un mensaje adecuado al medio que utiliza y al tipo de público al que se dirige. En nuestro ejemplo, la empresa realizará un anuncio adecuado al medio que va a utilizar (televisión, radio, prensa...) y al público al que el producto va dirigido: gente joven, público masculino, personas con mucho poder adquisitivo...
  3. El mensaje que se transmite no solamente contiene información, sino que también puede expresar una orden, una sugerencia, una crítica... Así, además de informar al receptor, el anuncio puede sugerirle o aconsejarle que compre el producto.
  4. El receptor puede modificar su conocimiento o su conducta como consecuencia del mensaje; así, por influencia del anuncio, puede decidir comprar el producto anunciado y no otro.
Por lo tanto, un mensaje no consiste tan solo en un conjunto de signos mediante los cuales se hace referencia a la realidad. El mensaje es también un reflejo de las intenciones del emisor y de la relación social que en todo acto de comunicación se establece entre emisor y receptor.