miércoles, 7 de diciembre de 2011

LA ESTRUCTURA DEL ACTO COMUNICATIVO

En una aproximación muy básica, según el modelo de Jorge y Eduardo, los elementos que deben darse para que se considere el acto de la comunicación son:

Emisor: Es quien emite el mensaje, puede ser o no una persona.
Receptor: Es quien recibe la información. Dentro de una concepción primigenia de la comunicación es conocido como Receptor, pero dicho término pertenece más al ámbito de la teoría de la información.
Canal: Es el medio físico por el que se transmite el mensaje, en este caso Internet hace posible que llegue a usted (receptor) el mensaje
Código: Es la forma que toma la información que se intercambia entre la Fuente (el emisor) y el Destino (el receptor) de un lazo informático. Implica la comprensión o decodificación del paquete de información que se transfiere.
Mensaje: Es lo que se quiere transmitir.
Situación o contexto: Es la situación extralingüística en la que se desarrolla el acto comunicativo.



http://docenciapsic.bloginom.com/entry.php?u=Docenciapsic&e_id=6833

Estructura comunicativa en los medios de comunicación

La televisión adquiere el modelo empresa en nuestro país, en la década de los 80’s, es en este momento en el que aquí se hace masiva, cuando suplanta a la radio como medio central de información, entretenimiento y articulación social. Esto no es poca cosa y no podemos ser tan ingenuos de creer que fue simplemente el cambio de una herramienta por otra, el cambio de la TV por la radio, análoga al cambio de una pinza por un martillo. En párrafos anteriores se explicó la sugestión que ejerce la televisión sobre el televidente, la situación de casi hipnosis, que no es producto de un plan macabro, sino que la imagen y el sonido en conjunto, trabajan sobre la subjetividad del individuo dejándolo prácticamente a merced del mensaje, a menos que el mensaje enviado esté diseñado con otro fin.

En el caso de la TV comercial, así como la gran mayoría del cine comercial, ambos, por la manera en que están hechos, no permiten a quien los mira, realizar análisis críticos sobre los mismos, ya que su modo de realización esta diagramado para promover la ausencia de los mismos. Los planos cerrados, la direccionalidad del mensaje, el modelo de “postal”, son los que imperan en la televisión que a diario vemos. Quizás donde mejor vemos esto es en lo avisos, segmentos narrativos de escasa duración, donde no queda otra opción que pensar aquello que el anunciante desea que se piense, a esto sumémosle el tiempo de avisos por horas de programación y la ecuación da sin dudas en números negativos para la promoción del libre pensamiento.

ejemplo de una forma de comunicar

El cantante de Residente Calle 13 quién públicamente manifestó en Bogotá que la gente de MTV se había equivocado al postularlo como presentador, nos sorprendió gratamente cuando en la alfombra roja apareció con una camiseta que claramente dice Uribe Paramilitar y hace referencia a las Bases Gringas. El acto en sí de usar la camisa negra en una escenario como ese envía un mensaje cifrado en popular a todas las personas del mundo, mensaje ante el cual el poder tradicional reacciona tal y como lo hizo el alcalde de Manizales al vetar cualquier presentación de un grupo como este en la ciudad universitaria famosa por su feria en Enero. "Los medios no me usan, yo uso a los medios. Hay que saber dar el mensaje. De lo contrario el mensaje se queda corto, entre 'intelectuales'" Residente Calle 13


El enlace fue tomando del blog de la escuela popular de Bogota. cabe mencionar que es un ejemplo de la entrada del dia martes 20 de octubre de 2009 y que al entrar al enlace podemos encontrar mas ejemplos relacionados con la comunicacion.

martes, 6 de diciembre de 2011

Modelo de Comunicación de Harold Lasswell.


Su modelo supuso una aportación técnica decisiva, dotaba de un sólido marco conceptual a la teoría de la comunicación y propiciaba el análisis por sectores bien definidos. Además consideraba la comunicación colectiva como un todo, con unas funciones concretas que cumplir (vigilancia del entorno, cohesión entre sujetos y transmisión de la herencia social).

Análisis del modelo de sociedad que se estaba creando a partir de la industrialización. Abarca dos campos de estudio, la psicología conductista y la comunicación de masas. Se entiende que hay una realidad social que genera un tipo de ser humano. El hombre masa. Esto en cuanto a sociología. Por otra parte, la teoría conductista defiende la actuación "estimulo-respuesta". Se partía de la concepción de ser humano indefenso frente a los estímulos de la realidad. Estos son los principios conductistas en cuanto a psicología. El ambiente era bastante crítico con el papel de persuasión de los medios de comunicación. 

En este contexto era lógico que los estudios se centraran en los medios de comunicación y en particular en la propaganda. Tras la II Guerra Mundial, EEUU se convierte en una gran potencia componente claro, la URSS. Durante la Guerra Fría se polarizó el estudio de los medios de comunicación en el estudio de la propaganda a través de los medios. Así surge la Mass Comunicarion Reserach y la Teoría Funcionalista. Empieza a crearse el objeto de estudio, con el objetivo vinculado al modelo de EEUU y a los intereses de este. Lo mismo ocurrió el 11-S cuando se creó una gran propaganda política de patriotismo.

Laswell dice; ¿Quién dice que, en que canal, a quién y con qué efecto? Estas preguntas le sirven para delimitar el campo de estudio.

¡QUIÉN! Análisis control
¡QUÉ! Análisis contenido
¡CANAL! Análisis medios
¡QUIÉN! Análisis audiencia
¡EFECTOS! Análisis efectos

El emisor nace deseando controlar los medios, en consecuencia la audiencia y por consiguiente los efectos. Laswell intenta delimitar el objeto de estudio dentro del ámbito de la Comunicación de masas. Cuando nos enfrentamos al estudio de la comunicación de masas necesitamos conocer el contenido de aquello que deseamos analizar. Este estudio genera otro estudio de los medios. El análisis de los medios.

El receptor es por si mismo otro objeto de estudio y de análisis. Finalmente el estudio de los efectos es necesario para comprender los objetivos de la Teoría de la Comunicación. La desventaja de Laswell es que no interrelaciona los diversos factores de la comunicación. Cada una de las preguntas puede conllevar estudios independientes.

Principios teóricos en los que se basa el paradigma de Laswell.
  • Un quién que es un sujeto que genera un estimulo.
  • El estimulo se convierte en una contenido.
  • Para ello se habilitan unos canales que facilitan la llegada del estimulo a la sociedad en su conjunto.
  • El objeto es pasivo, sobre el se experimenta.
  • El sujeto es activo ya que manda un mensaje al receptor, sobre el cual se experimentan los estudios.
  • No se explican las relaciones entre los campos de análisis sino que se delimitan.

Ventajas: Su aplicabilidad y la capacidad de síntesis. Es la primera vez que un autor se preocupa por delimitar el objeto de estudio de la comunicación.

Criticas: Es un modelo que no permite establecer las interrelaciones entre elementos. Divide el proceso. El ejemplo que ponen los expertos es difícil de estudiar la utilización si no estudiamos la producción. Es un modelo que depende mucho de la propaganda política. Hay otra crítica a la simplicidad porque no intervienen factores básicos como el contexto, el código... Atrás de eso también hay una crítica al conductismo que se basa en la prepotencia del emisor frente a la importancia del receptor. No hay feed-back.


ejemplo del acto comunicativo.

Cuando en una conferencia de prensa sobre Irak un periodista lanzó sus dos zapatos contra la persona de George Bush Jr. Presidente de los Estados Unidos en ese tiempo.

en el momento el mensaje fue tan claro para quienes observamos las imágenes en los medios masivos de comunicación que inmediatamente pudimos sentir el grado de indignación y saturación que puede experimentar un ser humano con grado tal de impotencia frente a la situación que lo indigna que simplemente arroja un par de zapatos, hecho que en la realidad no cambió la situación objetiva de la guerra pero su significado comunicó su objetivo con elocuencia, y al unir seres humanos potenció una actitud transformadora en quienes se oponen a esas guerra.


El enlace fue tomando del blog de la escuela popular de Bogota. cabe mencionar que es un ejemplo de la entrada del dia martes 20 de octubre de 2009 y que al entrar al enlace podemos encontrar mas ejemplos relacionados con la comunicacion.

LA ESTRUCTURA DE LA COMUNICACIÓN (estructura de palabras)

En la estructura de la comunicación también es necesario saber sobre la estructura de las palabras, la cual son uno de los medios de comunicación mas importantes.
Los signos lingüísticos, las palabras, se construyen a partir de la suma de diversos elementos. Estos componentes, pocos en número, según se combinen entre sí, dan lugar a un número incalculable de significaciones. El elemento más pequeño que se ha de considerar en una palabra es el fonema. Se denomina así a la unidad de sonido. Una palabra tiene tantos fonemas como sonidos la integran. Se suelen representar entre barras. No se puede confundir fonema con letra.  
La letra es la representación gráfica del fonema. Tampoco se puede confundir fonema con sílaba. La sílaba es una agrupación de fonemas que se emiten juntos.

Fonema /a/ a (a -> representación del fonema)
Fonema /n/ n (ene -> representación del fonema)
Fonema /d/d (de -> representación del fonema)

El contrato de comunicación en una perspectiva lingüística: Normas psicosociales y normas discursivas

    La inferencia, como se sabe, consiste en construir un sentido posible poniendo en relación elementos de lo “dicho” (significado de lengua) con otra cosa que se encuentra en otro lugar. Este otro lugar puede ser de diversa naturaleza. Lingüísticamente, constituye lo que se denomina contexto en el cual aparecen los enunciados y el sentido que depende de ellos; por ejemplo el enunciado “Tengo cinco minutos” puede ser interpretado como: “Sí con gusto” (o “no tengo tiempo”) si en el contexto precedente existe una pregunta-proposición del género: “¿Vamos a tomar un trago?”. Este tipo de relación produce inferencias contextuales (Charaudeau, 1994a). Cognitivas, en el sentido referido al saber que posee el sujeto, el cual, más o menos, es compartido, inscrito en otros textos ya producidos y constituyente de este “entorno cognitivo mutuo”, del cual hablan Sperber y Wilson; por ejemplo, para interpretar una parte del eslogan publicitario: “Maggi hace la sopa de vuestras abuelas”, como una “sopa de muy buena calidad”, es necesario compartir un cierto saber sobre la vida de nuestras abuelas y la tradición culinaria que ellas simbolizan. Esta relación produce inferencias intertextuales(Charaudeau, 1994a). Situacionales, las cuales se refieren a las condiciones de empleo (del contrato de comunicación) que son las que proporcionan la finalidad del intercambio; por ejemplo, una pregunta como “¿Usted tiene desca?”, formulada por un cliente en la barra de un café, deberá ser interpretada como “Sírvame un café descafeinado”, en razón de los datos ofrecidos por el contrato. Esta relación con los datos del contrato produce lo que se denominará inferencias situacionales (Charaudeau, 1994a), las cuales son raramente tomadas en cuenta.
    En consecuencia, es importante reconocer que el contrato permite evitar errores de interpretación. Imaginemos que, en el ejemplo precedente, “Maggi hace la sopa de vuestras abuelas”, “Maggi” sea reemplazado por “Mamá” y “vuestras” por “tú”, y que el enunciado se inscriba en una situación conversacional. Ciertas inferencias (las intertextuales) serán posiblemente las mismas; pero aquéllas que permiten comprender que se trata de una “incitación a obtener el mismo saber-hacer de las abuelas, sin tener que pasar largas horas en la cocina” (Maggi es una sopa instantánea), se deben al contrato de comunicación publicitaria. De la misma manera, el enunciado “Europa, somos nosotros”, no podría ser interpretado como “incitación a votar por el sí, en el referéndum sobre el tratado de Maastricht”, sino se pudiera reconocer el contrato de comunicación política, en el cual se enmarca. Las inferencias situacionales operadas sobre los datos del contrato de comunicación constituyen lo que asegura la interpretación correcta de la finalidad global del acto de comunicación.
Relaciones contractuales
    Los contratos de comunicación pueden tener afinidades entre ellos (el contrato publicitario y el contrato político tienen por finalidad la incitación a hacer), incluirse unos dentro de otros (el contrato del debate puede incluirse en el contrato mediático) o también entrecruzarse (el contrato del debate político en televisión participa a la vez del contrato mediático y del contrato político). Surgen, entonces, algunas preguntas importantes: ¿cómo clasificar los contratos?, ¿pueden jerarquizarse?, ¿según cuáles criterios?
    Algunos autores como R. Ghiglione (1984, 1986), proponen distinguir la “situación potencialmente comunicativa” que “relaciona las dos entidades sujetos” por una apuesta (Ghiglione 1984:186), y el “contrato de comunicación” que transforma la situación potencialmente comunicativa por la puesta en práctica de un cierto número de reglas (Ghiglione, 1984:187, retomado por Bromberg, 1999). Otros autores como C. Chabrol (1989, 1993), proponen distinguir el “dominio de la práctica social” (lo político, lo religioso, lo jurídico, etc.) correspondiente a vastos campos de la práctica, y la “situación contractual” generadora de acuerdos: así el dominio de la práctica social de “lo educativo” se encuentra estructurado por una posible “situación de trabajo de los educadores sociales” (Chabrol, 1994).
    En lo que me concierne, propongo distinguir tres niveles. Un nivel del contrato global de comunicación en el cual se inscribirán las condiciones generales del intercambio: finalidad, identidad de los protagonistas y propósito. Este nivel que determina en términos generales y abstractos las condiciones de la comunicación política, publicitaria, científica, jurídica correspondería en parte a la situación potencialmente comunicativa de Ghiglione y al dominio de la práctica social (pero ya comunicacionalmente estructurado) de Chabrol. Un nivel de contrato particular de comunicación que viene a especificar las condiciones generales del intercambio. Es en este nivel donde se ubica el contrato de comunicación del discurso electoral como sub-conjunto del contrato global de lo político. En fin, pueden aparecer en un tercer nivel, variantes de estos contratos particulares si se tienen en cuenta las especificidades que aportan lo que nosotros hemos denominado las circunstancias materiales. Así, la variante de la situación del “mitin político”, estaría incluida en la situación particular del contrato electoral, igual que los “planfletos”, las declaraciones en televisión, los libros y los manifiestos de adhesión. Lo que caracteriza a la variante de un contrato, es que respeta lo esencial de las características del contrato particular, proponiendo otra característica recurrente que viene, no a modificar, sino a especificar uno de sus componentes. Por ejemplo, en el contrato de información mediática (sub-contrato de lo mediático) se constituyen sub-contratos específicos sea por las circunstancias materiales (escrituralidad de la prensa, oralidad de la radio, lo audiovisual de la televisión), sea por las finalidades discursivas (reportar/comentar el evento), sea por la organización formal (título, rúbrica, etc.). Por ejemplo más aún, en el contrato del debate en televisión (sub-contrato de información mediática), se encuentran estas variantes: talk show, el debate cultural, el debate político (tipo cara a cara electoral). Se considerará asimismo que el interview y la entrevista radiofónica son dos variantes del contrato “diálogo radiofónico” (4), siendo diferente la posición de los dos interlocutores en cada uno de estos casos: no jerarquizado en la entrevista y jerarquizado en el interview. Con estos tres niveles, se podrán igualmente explicar los entrecruzamientos de contratos: los contratos del ámbito político que se entrecruzan con los de lo mediático, en los debates, en los interview o en las alocuciones televisadas. En esto estriba la dificultad de saber cuál es el contrato que ordena y engloba a los otros: ¿es el debate político el que subsume todas las formas de debate (incluyendo lo mediático)? ¿es el debate mediático el que se materializa como político? o más bien, ¿se trata de la idea que se hace del debate en general una sociedad determinada, lo que se encuentra por encima de todos?
Del contrato a las estrategias y efectos de sentido
    El contrato es una condición necesaria pero no suficiente para explicar el acto de comunicación. Condición necesaria para el sentido, no matemática, sino lingüísticamente, a saber: se trata de una condición mínima para poder comunicar. El contrato fija el minimum necesario como derecho de entrada para poder producir/comprender un intercambio lingüístico. De la misma manera, que el letrero colocado encima de la taquilla del cine, al indicar el costo de la entrada, nos indica que se trata de la cantidad de dinero mínima para tener el derecho a entrar. Esta condición es necesaria porque si se poseen menos de 45 francos, no se puede entrar, pero también es mínima a doble título: de una parte, porque tener más de 45 francos no impide ir a ver el film, de otra parte porque requerimos de otras condiciones desde el punto de vista de quien quiere entrar (tener ganas de ir al cine a ver el film en cuestión y tener tiempo). De la misma manera sucede en todo acto de comunicación que exige condiciones mínimas, representadas en el conjunto de normas de producción-reconocimiento del contrato y que no excluye otras condiciones también necesarias en el intercambio.
    Así, por el lado del sujeto que comunica, se puede formular la hipótesis de que éste tiene sus propios objetivos cuando se lanza en un acto de comunicación. Él inviste a la vez objetivos racionales y deseos subjetivos que constituyen su compromiso personal de comunicación. Pero él también sabe que está obligado a pasar por las normas de la situación de intercambio en la cual se encuentra, situación en la que el otro se ha inscrito, y que supone reconocer bajo pena de no poder entrar en el intercambio. Relación de reconocimiento recíproco en cuanto a la situación de intercambio, relación contractual, y por lo tanto portadora de un acuerdo propio que el sujeto comunicante debe tomar en cuenta. Pero él sabe también que el acuerdo del contrato no es totalmente de su proyecto de habla, y que va a tener que utilizar estrategias para producir en el otro, efectos que sean capaces de conducirlo a su compromiso personal. Evidentemente, se trata aquí de los efectos que se supone tendrán un cierto impacto en el otro. Se observa, entonces, que el compromiso personal se superpone al acuerdo contenido en el contrato y al mismo tiempo que la noción de estrategia no puede extenderse al dominio de la comunicación humana, más que refiriéndose por una parte, a la existencia de un marco contractual que asegure la estabilidad y la previsibilidad de los comportamientos y por otra parte, a la existencia de un sujeto que interviene en el acto con sus propias finalidades comunicativas.
    Del lado del sujeto receptor, se puede formular la hipótesis de que éste interpreta en función de sus propios objetivos, pero está también constreñido por la situación de intercambio, el contrato. Puede ser que se aprehenda el acuerdo en la medida en que se le conoce, pero no se puede estar seguro de aprehender el compromiso personal del sujeto comunicante. Además, pueden existir varios receptores, designados o no, voluntarios o no, los cuales percibiendo el mismo acuerdo contractual, reconstruyan sin embargo, acuerdos intencionales diferentes. Si interpretar significa para el sujeto receptor, apropiarse de algunos de los sentidos contenidos en los enunciados que le son dirigidos, entonces se puede decir -acercando esta noción a la de inferencia- que estas motivaciones son inferencias interpretativas que construye el sujeto receptor. Se puede entonces imaginar tres tipos de activaciones inferenciales: una activación que consiste en producir las inferencias necesarias para reconocer el acuerdo del contrato de comunicación (que hará por ejemplo que no se confunda un film de ficción con un reportaje -a menos que la estrategia sea la confusión-); una activación que consiste en producir ciertas inferencias que han estado previstas por los efectos deseados por el sujeto comunicante y que se corresponden al menos, a una parte del acuerdo personal de éste; una activación que consiste en producir inferencias no necesariamente previstas por el sujeto comunicante, pero que están latentes en su mensaje y que son reconstruidas por el receptor, en función de su propia intencionalidad.
    Es en este punto donde se puede afirmar que emisor y receptor, sujeto comunicante y sujeto interpretante, son a la vez predeterminados y libres. Predeterminados en parte por el acuerdo del contrato, libres en la construcción de los acuerdos personales y de los efectos que estos implican. Así, en el punto de reencuentro de este doble proceso de producción/recepción del intercambio lingüístico, el texto resultante se llena a la vez del sentido que corresponde al acuerdo del contrato, del sentido que corresponde al acuerdo personal del sujeto comunicante, y del sentido que corresponde a cada uno de estos acuerdos, siendo variables según el caso y los que se encuentran allí implicados. Por estas circunstancias se puede aprehender mejor lo que pasa en ciertos casos de comunicación. Porque se comprende que es suficiente con variar los sujetos interpretantes, para que el sentido del mensaje aumente. De esta manera se puede dar cuenta de tres casos de situación: (i) en la comunicación interlocutiva los posibles interpretativos dependen de las activaciones a las cuales se remitan sucesivamente los interlocutores, y las inferencias se modifican o enriquecen; (ii) en la comunicación monolocutiva escrita e individualizada (por ejemplo, la carta a un amigo) los posibles interpretativos dependen de las solas activaciones del receptor-lector, que puede en rigor modificarlas de acuerdo con las relecturas; si la comunicación monolocutiva escrita no es individualizada (novela, circular administrativa) las activaciones varían más o menos según los lectores, más o menos según el género, y varían con el tiempo (relectura de una misma obra en diferentes épocas (5)); iii) en la comunicación monolocutiva oral (conferencia) o interlocutiva (debate) en presencia de público, las activaciones varían según los dominios de referencia de los oyentes y espectadores, que construyen el sentido no necesariamente previsto por el orador, lo que crea un juego de activaciones de redes múltiples.
    Estos diferentes casos de activaciones suponen la activación común que corresponde a las inferencias suscitadas por el contrato, cada vez que se realizan, cualquiera sea el receptor. Se podría entonces agregar que la posición del analista es la de alguien que habiendo de antemano identificado los datos del contrato situacional, intentaría meterse en la piel de diversos receptores, produciendo así diversas activaciones, cuyo conjunto constituye lo que yo llamo los “posibles interpretativos” de un texto o también la “espiral de la construcción del sentido”.
Justificación del término
    La palabra “contrato” está cargada de sociologismo: Rousseau y el “contrato social” que vincula los miembros de una sociedad mediante lazos ético-educativos; deeconomicismo: el contrato comercial que vincula los protagonistas de una transacción mercantil mediante acuerdos de compra/venta o trabajo/remuneración; de juridicismo, a menudo ligado al economicismo: el contrato de acuerdos que vincula a los participantes por reglas, leyes y deberes de comportamiento, como un contrato de arrendamiento o un contrato de trabajo.
    La palabra “pacto” parece menos restrictiva, más libre, más abierta. Es también más elegante. Es empleada por los literatos como Lejeune (“pacto autobiográfico”) y los filósofos como Ricoeur (“pacto de verdad”). Lo inconveniente de este término tiene que ver con su semantismo en lengua que presupone un estado de conflicto y supone un acuerdo para establecer un estado de paz (“pactar”). Por el contrario, el contrato de comunicación no presupone necesariamente un estado de conflicto. El se impone solamente como lugar de reconocimiento y de normas.
    La palabra “promesa” propuesta por F. Jost (1997) no corresponde a lo que designan los otros términos. La promesa, dice este autor, relaciona a los dos participantes mediante “horizontes de espera”, como en el caso del contrato, diríamos nosotros. Pero lo que caracteriza la promesa es una asimetría de estos horizontes, mientras que el contrato implica una relación de reciprocidad en el reconocimiento de las condiciones de realización del intercambio. En efecto, la promesa es un acto de habla (performativo) cuyo origen enunciativo es un sujeto que debe transmitir un don a otro sujeto (el participante del acto de comunicación) bajo ciertas condiciones que dependen de este último (él debe hacer algo para obtener el don de la promesa), y no del sujeto que promete. Toda promesa está sometida a una condición: “Yo te prometo, si tú…” (6). En consecuencia, la relación que se establece entre los dos participantes no es de connivencia, de reconocimiento recíproco de lo que los une en la interpretación. El otro una vez cumplidas las condiciones, no tiene más que recibir. Él no está activo como en el contrato, y por lo tanto se pierde al mismo tiempo la noción de intercambio que se encuentra en el fundamento de todo acto de comunicación. El contrato no es el producto de un sujeto sino de una situación de comunicación que sobredetermina a los participantes y que ellos mismos construyeron.
    Esta batalla de las palabras, ¿no estará marcada insidiosamente por la ideología, que rechazaría un término que evoque el mercado, la ley, la autoridad o la coerción? Por el contrario, el contrato de comunicación no impide ni la pluralidad de identidades, ni la diversidad de estrategias, de un lado y los posibles interpretativos del otro. El contrato de comunicación no es más que un marco mínimo, necesario para la inter-comprensión, una base común de reconocimiento, de marco del sentido, de estabilización de una parte de la producción/reconocimiento del sentido, a partir del cual se puede jugar con una multiplicidad de variaciones y de creaciones de sentido

 Bibliografia:
1. BAKHTINE, M. 1978. Esthétique et théorie du roman, trad.fr., Paris, Gallimard (1ère éd.1975).
2. Benveniste, E. 1966. Problèmes de linguistique générale, Paris, Gallimard.
3. BROMBERG, M. 1999. Contrat de communication : persuasion et langage. Thèse de doctorat, Universidad de Paris, 8